Omelas

Una ciudad utópica, llena de color y alegría en las vísperas del festival de verano, describe la alegría de los habitantes de Omelas, la gente se reúne en el centro de la ciudad para disfrutar de las festividades.

La gente disfrutaba de la música al rededor y todos iban bailando; se escuchaban las risas de los niños. Básicamente todo en Omelas es perfecto, menos una cosa. En el sótano de uno de los edificios más bonitos de Omelas o en el sótano de una de las casas más sofisticadas se encontraba un niño, o niña.

Aparentaba tener 6 años cuando en realidad tenía 10.

Su condición no es la mejor, era delgado con el vientre inchado pues solo se alimentaba una vez al día. El niño era un retrasado, no se sabe si nació así o se volvió imbécil con el tiempo.

El niño una vez fue normal, sescuchaban los gritos del pequeño y a veces, cuando la puerta se abría y dejaba ver a los que lo visitan, el niño pedía volver con su madre; algo que todos ignoraban.

Todos y cada uno de los habitantes de Omelas sabían de la existencia del niño. Algunos entendían el propósito del sufrimiento del niño y lo aceptaban.

Sabian que él tenía que sufrir para que ellos pudieran vivir en armonía. Estaba estrictamente prohibido decirle una palabra de afecto al pequeño. Del niño dependía la armonía que se vivía en Omelas y todos lo sabían. Los habitantes de Omelas visitaban al niño y regresaban a sus casas llorando por el estado del pequeño, sin embargo sabían que aceptar el suceso sería aceptar su delito.

Habían otros tantos, jóvenes y adultos que no regresaban a sus hogares, no regresaban a llorar y luego aceptar el destino que ellos mismos decidían por ellos niño.

Qué bueno seria que el niño recibiera mejores tratos, rehabilitarlo y devolverlo a la sociedad. Sin embargo, sabían que si por una vez el niño recibía palabras de aliento, buenos tratos y un poco de ayuda, ese mismo día y esa misma hora, Omelas como la conocían, desaparecía inmediatamente.

Enmudecian (los que ya no regresaban a sus hogares) caminaban en silencio y pasaban de las preciosas puertas de Omelas.

Decidían alejarse, irse y no volver a pisar el lugar. Pareciera que los que se alejan de Omelas sabían a donde dirigirse.

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